La historia del desarrollo de la televisión ha sido en esencia la historia de la búsqueda de un dispositivo adecuado para explorar imágenes. El primero fue el llamado disco Nipkow

patentado por el inventor alemán Paul Gottlieb Nipkow en 1884. Era un disco plano y circular que estaba perforado por una serie de pequeños agujeros dispuestos en forma de espiral partiendo desde el centro. Al hacer girar el disco delante del ojo, el agujero más alejado del centro exploraba una franja en la parte más alta de la imagen y así sucesivamente hasta explorar toda la imagen. Sin embargo, debido a su naturaleza mecánica el disco Nipkow no funcionaba eficazmente con tamaños grandes y altas velocidades de giro para conseguir una mejor definición.
Los primeros dispositivos realmente satisfactorios para captar imágenes fueron el iconoscopio,

descrito anteriormente, que fue inventado por el físico estadounidense de origen ruso Vladimir Kosma Zworykin en 1923, y el tubo disector de imágenes, inventado por el ingeniero de radio estadounidense Philo Taylor Farnsworth poco tiempo después. En 1926 el ingeniero escocés John Logie Baird inventó un sistema de televisión que incorporaba los rayos infrarrojos para captar imágenes en la oscuridad. Con la llegada de los tubos y los avances en la transmisión radiofónica y los circuitos electrónicos que se produjeron en los años posteriores a la I Guerra Mundial, los sistemas de televisión se convirtieron en una realidad.
La prehistoria de la televisión abarca un amplio período que se extiende, aproximadamente, desde finales del siglo XIX hasta 1935. En principio surgirán dos modelos: la televisión mecánica defendida por John Baird y la televisión electrónica creada por el investigador ruso-norteamericano Vladimir Zworikyn.
Aunque la televisión mecánica de Baird empezó a sus emisiones un poco antes que la televisión electrónica de Zworikyn, lo cierto es que la superioridad técnica de esta última se impuso.
En este bloque podrás conocer cómo fueron estos comienzos y cómo pasó de ser un invento de laboratorio a convertirse en un medio al alcance del público. Interrumpido por la I Guerra Mundial, su desarrollo se retomó al acabar la contienda permitiéndole ocupar su puesto entre los medios de comunicación más extendidos como la prensa o la radio.
Cumplida la etapa de nacimiento y consolidación, llegará la época del color y, tras ella, la internacionalización del medio y de sus contenidos. Esta vocación internacional impulsó el lanzamiento de los primeros satélites de comunicación y de otras tecnologías como la distribución de señal televisiva por cable.
Por otro lado la televisión se extiende a continentes como Iberoamérica y, en otro sentido, se crea una necesidad aparentemente opuesta que es la de contar con contenidos de carácter local. Con la televisión local se completa la presencia de la televisión en todos los ámbitos de socialización del individuo, desde lo global hasta lo local.
El nacimiento (1935-1941)
Frente a la competencia entre los modelos de televisión defendidos por Baird y por la EMI, el Gobierno británico decide nombrar una comisión investigadora para definir la posición del Estado en materia televisiva. En enero de 1935, dicha comisión adoptó una definición mínima de 240 líneas y 25 imágenes por segundo de forma que el sistema mecánico quedaba relegado frente a la calidad de las imágenes electrónicas. Casi dos años más tarde (el 2 de noviembre de 1936), la BBC comenzó sus transmisiones desde los míticos estudios londinenses de Alexandra Palace.
Hacia mediados de la década de 1930 gobiernos y compañías televisivas de los países tecnológicamente más desarrollados se decantan por la televisión electrónica, al tiempo que las transmisiones tienden a regularizarse y a crecer en las principales urbes (Londres, Berlín, París, Nueva York).
En los EEUU -pese a la temprana apuesta por la vía electrónica- el desorden fue moneda corriente: las definiciones técnicas de la televisión variaban año a año (de 240 líneas, en 1933, a 525 líneas, en 1941). La primera emisora en establecer un servicio regular fue la National Broadcasting Company (NBC), subsidiaria de la RCA, en marzo de 1939; sin embargo, el organismo regulador de la radio y la televisión, la Federal Communications Commission (FCC), sólo autorizó la televisión comercial en 1941.
En Francia, donde diversos equipos de especialistas venían trabajando desde finales del siglo XIX en la puesta a punto del nuevo medio, fue René Barthélemy quien instaló (abril de 1935) un estudio de televisión en la parisina Escuela Superior de Electricidad y utilizó la Torre Eiffel como soporte de la primera antena emisora. En pocos años (1935-1939) los franceses adoptaron el sistema electrónico.
Alemania es otro país donde la actividad en torno a la televisión fue intensa. Ejemplo del avance en materia televisiva experimentado entonces, fue la retransmisión en directo de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. La recepción de las emisiones tuvo lugar en lugares públicos: “teatros” con capacidad para 50 personas y pantallas de cerca de dos metros de diagonal (Palacio, 1992). Hacia 1937 los alemanes perfilaban su propio sistema electrónico de televisión con una definición de 441 líneas.
Algo más rezagados en el liderazgo televisivo se encontraban Italia (en 1941 tenía una televisión experimental de 441 líneas) o la URSS (adoptó un sistema electrónico de 343 líneas hacia 1937).
Pese a las fuertes inversiones económicas de la industria de la radio estadounidense (sólo en investigación y compra de patentes la RCA invirtió 9 millones de dólares durante 1930-39) y de los Estados británico y alemán, la ausencia de una producción industrial de aparatos receptores lastraba el desarrollo de la televisión. Fue en Gran Bretaña en 1937 y en los EEUU en 1939 cuando tuvieron lugar las primeras fabricaciones en serie de aparatos para uso doméstico-familiar.
Sin embargo, los avances en materia televisiva experimentados entonces se vieron congelados y las transmisiones en Europa suspendidas ante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Así, por ejemplo, en septiembre de 1939 la BBC decide interrumpir sus 14 horas semanales de programación a partir de la declaración de guerra del Gobierno británico a Alemania. En tanto que, en los EEUU, país que en 1941 contaba con cerca de cinco mil aparatos y las primeras quince licencias de emisoras comerciales, el Gobierno prohibió la fabricación de televisores orientando los recursos de la industria electrónica hacia la Guerra en curso.
televisión internacional
La internacionalización de los programas es una tendencia observable a lo largo de la historia de la televisión.
La Europa de posguerra, un continente partido en dos, fue el escenario donde surgieron dos grandes redes de cooperación técnica e intercambio de información y programas. Por un lado, Eurovisión, creada por la Unión Europea de Radiodifusión (UER) a mediados de los años ’50. Por otro, Intervisión, en parte, una respuesta de la comunista Organización Internacional de Radio y Televisión (OIRT) a la apuesta de la UER. Años más tarde, en 1993, el cambio de las relaciones políticas y la desintegración del bloque soviético propiciarían la fusión de la OIRT con la UER.
Por su parte, en el continente americano venía funcionando, desde 1946, la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR). En el resto de las regiones se fueron conformando asociaciones similares: la URTNA africana (1962), la ABU asiática (1964), la ASBU para los países árabes (1969), la CBU caribeña (1970), etcétera.
Gran parte de los intercambios entre países y entre organismos internacionales se basa en la difusión de programas a través de los satélites de comunicaciones. Así, desde el lanzamiento del primer satélite sputnik, en 1957, y de satélites cada vez más perfeccionados, estadounidenses, rusos, luego europeos, japoneses, etc., los intercambios de informaciones y de programas se multiplican (Flichy, 1993).
Con el correr de los años la relación televisión-satélite fue dando fruto a una escalera de hitos históricos. En julio de 1962, el Telstar I, permitió “viajar” a una imagen televisiva entre EEUU y Europa. Un año después, el primer satélite geoestacionario, el Syncom III, permitió a estadounidenses y europeos seguir los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. Años más tarde, tuvo lugar la publicitada “primera transmisión planetaria”: el programa Nuestro Mundo se difundió en simultáneo para 31 países.
Ante estos avances, los gobiernos vieron la necesidad de crear una red mundial de satélites de comunicaciones. El Early Bird, puesto en órbita en 1965 por el consorcio privado internacional Intelsat, fue el primer satélite que tuvo esa finalidad..
También por esos años hicieron su aparición los satélites de difusión directa (DBS, Direct Broadcast Satellite), los cuales permitían la difusión de una decena de señales de televisión hasta antenas parabólicas “domésticas” y de éstas al televisor.
Hacia 1989, la fusión del decano de los satélites europeos de televisión, Sky Channel, con el consorcio British Satellite Broadcasting, dando nacimiento a BskyB (hoy, Sky Digital), dio el pistoletazo para la segunda generación de operadores televisivos vía satélite. En poco tiempo la creación de diversas plataformas multicanales vía satélite en todos los países fue un hecho.
Un paso más se dará cuando las plataformas satelitales se digitalicen totalmente. Así, en EEUU se lanza, a mediados de 1994, Direct TV. Mientras que en la UE, Canal Satellite Numérique, filial de Canal Plus (Francia), se convertirá en la primera plataforma digital europea.
Al finalizar el 2000 un informe auspiciado por Eutelsat indicaba que en los países de la UE se contaba con 15 millones de receptores de televisión por satélite; siendo los británicos (cinco millones), los franceses (tres millones), y los italianos y españoles (dos millones cada uno) sus principales usuarios.
La televisión en latinoamérica
Desde que la televisión irrumpe en la vida de las sociedades iberoamericanas, se ha ido consolidando como el principal medio de difusión de masas. Como características comunes debemos señalar el carácter comercial del medio y la estrecha relación que históricamente ha guardado con los gobiernos de turno, tanto civiles como militares. Hoy como ayer, son millones los latinoamericanos que encienden, día tras día, sus televisores para entretenerse e informarse.
En sintonía con el investigador australiano John Sinclair (2000), constatamos que si bien cada país tiene su propia historia del desarrollo de la televisión, en el caso de América Latina, es posible observar tres etapas comunes a todos las naciones. A saber:
Primera etapa: correspondiente al período de implantación de la televisión durante las décadas de 1950 y 1960. Esta fase se caracterizó por el “apoyo” prestado por las redes de radiotelevisión estadounidenses (NBC, ABC y CBS) a la consolidación del nuevo medio bajo el modelo comercial. Asimismo, la influencia de las empresas norteamericanas en el Centro y el Sur del continente americano se hizo notar en la exportación de programas y en la inversión de capitales para la creación de emisoras (la presencia del consorcio Time-Life en el grupo O Globo de Brasil, por ejemplo) y en productoras de televisión (como sucedió en Argentina).
Segunda etapa: caracterizada por la madurez de la industria televisiva, tiene lugar en los años 70 y 80. Se trata de mercados nacionales consolidados con una importante producción propia de programas que en algunos géneros, como las telenovelas, se exportan de una manera generalizada..
Tercera etapa: Las emisiones televisivas vía satélite llegan hasta los hogares más remotos. Asimismo, la distribución de señales de televisión por cable alcanza en algunos países (por ejemplo, Argentina) cuotas de penetración altas.
En este nuevo escenario los grandes productores latinoamericanos están formando alianzas con empresas globales, por ejemplo Televisa (México) y Globo (Brasil) con la compañía de Rupert Murdock, News Corporation y Sky Latin America en DTH (Televisión Directa al Hogar). En consecuencia, las audiencias se internacionalizan y, al mismo tiempo, se fragmentan.
Como singularidad del continente puede decirse que grandes mercados de la región están dominados por cadenas de televisión que poseen un doble rol de productoras-emisoras de programas.
Dentro de la producción televisiva de los países que componen el mosaico iberoamericano, cabe destacar un género propio de formato televisivo que los países productores de América Latina exportan hoy a todos los continentes y por los que la televisión latinoamericana es conocida: la telenovela. Según el investigador mexicano Guillermo Orozco (2002), se trata del “producto más distinguido” de la programación latinoamericana puesto que, la telenovela, “además de reflejar rasgos de identidad, aglutina grandes audiencias frente a los televisores, provocando distintos sentimientos y evocando diversas aspiraciones”.
La televisión por cable
Los comienzos de la televisión distribuida a través de sistemas de cables tuvo su origen hacia finales de la década de 1940 en EEUU. El objetivo inicial era hacer llegar las imágenes televisivas a aquellas localidades que por cuestiones topográficas quedaban “a la sombra” de la difusión de las estaciones hertzianas.
En la televisión por cable es el televidente quien paga por la instalación del sistema, además de abonar una cuota mensual por el acceso al servicio. Dicho abono se incrementa si el suscriptor desea recibir otras señales catalogadas como premium (por ejemplo, películas de estreno, espectáculos deportivos o musicales, etc).
Se suelen distinguir tres fases en el desarrollo de la televisión por cable:
Primera fase: el cable coaxial se utiliza como prolongación y mejora de las emisiones hertzianas de televisión; varía cronológicamente según los países pero genéricamente llega hasta finales de la década de 1960. Se trata de operadores unidireccionales, emplazados en áreas rurales y ciudades pequeñas, que garantizan la recepción de algunas señales de televisión.
Segunda fase: iniciada durante los primeros años de la década de los 70, se caracterizó por la especialización de la oferta (largometrajes, música, noticias, etc.) y porque las emisoras de cable se ven obligadas a producir programación propia (en los EEUU) y a pagar derechos de transmisión de los programas de televisiones internacionales (Europa). Paulatinamente el cable va expandiéndose entre ciudades densamente pobladas.
Un cambio de singular importancia en la historia del desarrollo de la televisión por cable se produjo en septiembre de 1975 cuando Home Box Office (HBO), alquiló una conexión con el satélite Satcom I, lo que indirectamente permitió dejar de pensar en el cable como parte de la iniciativa local de televisión y comenzar a hablar de una “Nación cableada”. Mediante esta operación HBO se colocó a la altura de las tres grandes cadenas estadounidenses y se convirtió en el modelo a seguir por otras compañías.
En Europa, desde los orígenes de los años sesenta Holanda, Suiza y sobre todo Bélgica han estado a la cabeza del cable del Viejo Continente. En Bélgica, el Estado obligó a que cada operadora, además de canales estrictamente locales, incorpore en su oferta canales de libre acceso de los ciudadanos así como otros de televisión internacional tales como televisión francesa y de Radio Tele Luxemburgo (en alemán) e incluso españolas.
Tercera fase: desde mediados de los años ochenta hasta la actualidad, la relación entre emisoras, a través de su oferta de programas y servicios, y audiencias se está volviendo cada vez más interactiva (acceso de banda ancha a Internet, elección de idiomas, etc.). Esta novedosa relación es posible gracias a la digitalización, parcial o total de la red, en gran parte posible a partir de la incorporación del cableado con fibra óptica. Asimismo, se produce una complementariedad, ya presente en la etapa anterior, y, en algunos casos, una simbiosis entre los operadores de televisión por cable y los operadores de televisión por satélite.
Actualmente, en EEUU hay unos 73 millones de hogares abonados a empresas de televisión (un 70 por ciento de los hogares estadounidenses). Por su parte, Japón cuenta con unos 15 millones de suscriptores, una penetración sobre el 30 por ciento de los hogares. Mientras que en la UE son más de 50 millones los abonados, con penetraciones en los respectivos mercados que van desde cifras cercanas o superiores al 90 por ciento en países como Bélgica, Holanda o Luxemburgo, a presencias meramente testimoniales de un 4 como España e Italia.
Las televisiones locales
Una de las tendencias observables en las últimas dos décadas es la consolidación de sistemas televisivos regionales y locales.
Éste tipo de emisoras, de un alcance menor que las estaciones de cobertura estatal, forman parte de un fenómeno que comienza a darse, en primer lugar, en EEUU. Por su parte, en la Europa de los años 70, tiempo en el que algunos países que ya contaban con sistemas nacionales de televisión consolidados, como por ejemplo Francia, comenzó a ser corriente la emisión desconectada de programas regionales y locales por un canal de televisión nacional dando lugar a la “televisión de proximidad”. Con el correr de los años esta manifestación temprana de descentralización de la televisión se profundizará y se volverá más compleja.
Los investigadores españoles Moragas Spà, Garitaonandía y López (1999) al estudiar las experiencias de descentralización de la televisión en Europa señalan una serie de factores que han contribuido a su realización:
Factores políticos: paralelismo entre regionalización político-administrativa de los Estados y la descentralización televisiva; la influencia de grupos y partidos políticos; el predominio de la iniciativa pública.
Factores culturales (y lingüísticos): estrechamente vinculados a los factores políticos, en mucha televisiones regionales el factor lingüístico ha sido motor principal para su creación.
Factores tecnológicos: los avances en el terreno de las tecnologías de producción (vídeo, cámaras ligeras, equipos ENG) no hubiese sido posible la creación de las emisoras locales o regionales.
Asimismo, y a partir de la combinación e influencia recíproca de estos factores, pueden distinguirse cuatro fases en el desarrollo histórico de la descentralización televisiva europea:
Finales de los años 60 y década de 1970: las televisiones públicas crean los segundos y terceros canales; las grandes emisoras nacionales crean sus estructuras regionales (centros en las principales ciudades que cumplen un papel secundario actuando como corresponsalías). En España, es el caso principalmente de Barcelona y Canarias
De mediados de los años 70 a mediados de los 80: corriente que critica la estructura centralista de los monopolios de la televisión pública. Surgen las primeras televisiones locales, en muchas ocasiones ilegales o piratas. Se refuerzan las estructuras regionales existentes (creación de terceros canales de base regional en Francia e Italia). En España, a pesar de que no se crea un tercer canal, surgen las televisiones de las Comunidades Autónomas en País Vasco, Cataluña y Galicia.
De mitad de los años 80 a principio de los 90: ante un nuevo panorama marcado por la competencia entre las televisiones públicas y las nuevas cadenas nacionales privadas, se congelan o reducen las actividades descentralizadas. En países como España, las emisoras locales se constituyen a partir de pequeños empresarios.
Actualmente: las desconexiones regionales recobran protagonismo; nuevas experiencias de ámbito regional, local o micro-urbanas (ej., ciudades o medios de transporte –metros, aeropuertos, autobuses, etc.- que cuentan con televisiones propias).
La televisión digital terrestre
La generalización de los satélites de difusión directa (DBS) y de la televisión por cable (CATV) en vastas regiones del mundo, unida a la digitalización de las señales y de los servicios ofrecidos por ambos soportes, ha producido un nuevo escenario televisivo con posibilidades no imaginadas años atrás: la multiplicación exponencial de señales, la fragmentación de audiencias y el surgimiento de nuevas formas de financiación, como el abono mensual o el pago por visión, por ejemplo.
A este nuevo escenario se vino añadir, desde la segunda mitad de los años 90, el debate acerca de los cambios que traería aparejados la denominada televisión digital hertziana o televisión digital terrestre (TDT). Son numerosos los investigadores que coinciden en señalar que actualmente la televisión se encuentra ante el proceso de transición tecnológica más importante desde sus comienzos hace algo más de medio siglo, puesto que a partir de la digitalización total de los sistemas de televisión (producción, emisión y recepción de programas) emerge una serie de posibilidades que puede llegar a terminar con la televisión hasta hoy conocida.
La digitalización permite ofrecer una amplia gama de posibilidades que va desde la difusión de televisión de alta definición -el formato que ofrece la mejor calidad de imagen hasta hoy conocida- hasta la interactividad. En apretada síntesis podemos decir que la televisión digital terrestre permitirá, entre otras cosas:
incrementar notablemente el número de programas, servicios y señales actualmente disponibles
mejorar la calidad de las imágenes y del sonido de las transmisiones y de las recepciones televisivas
establecer servicios personalizados e interactivos (relación empresa televisiva-audiencia) de radiodifusión y telecomunicaciones
facilitar la convergencia entre el sector audiovisual, las telecomunicaciones y la informática.
A comienzos del siglo XXI, ya son varios los países que han comenzado a implementar planes de migración de la televisión analógica a la televisión digital. Sin embargo, esta migración exige tanto una compleja coordinación entre programadores, fabricantes de equipos receptores y operadores de redes, como cuantiosas inversiones tanto de la industria como del público televidente.
Actualmente se encuentran en juego tres normas de transmisión de televisión digital terrestre. Elaboradas por empresas estadounidenses, japonesas y europeas, estas normas -como ocurriera décadas atrás con los sistemas de televisión color concebidos en EEUU, Francia y Alemania- compiten entre sí con la finalidad de captar la mayor cantidad de mercados posibles (Albornoz y otros, 2000).
Si bien la mayor parte de los planes gubernamentales sitúa como fecha límite para que tenga lugar el “apagón analógico”, según los países, entre los años 2006 y 2012, un importante grupo de analistas del sector televisivo califica a estas estimaciones demasiado optimistas y considera que la realización efectiva del “apagón” demandará un plazo mínimo de entre 15 y 20 años (Bustamante, 2003).
Televisión e internet
Desde finales de la década de 1990 asistimos a la creciente relación que establecen los sistemas de televisión digital en sus diferentes soportes (ondas hertzianas, vía satélite y cable) con la denominada red de redes, Internet. Se trata de una relación de ida y vuelta -la televisión en Internet e Internet en la televisión- que se desarrolla, día tras día, dando lugar a más de una polémica. Según el investigador español Enrique Bustamante (2003), el panorama previsible de los servicios interactivos en la televisión digital se centrará durante mucho tiempo, además de los servicios vinculados a la programación televisiva ya contemplados en todos los soportes en las mezclas y vinculaciones diversas con Internet.
En el marco de esta relación los televidentes se convierten cada vez con más frecuencia en usuarios-consumidores que pagan distintos servicios interactivos; entre éstos, actualmente, los más importantes son el video on demand (vídeo bajo demanda: la posibilidad de ver una determinada película cuando el usuario lo desea), los videojuegos en red y la telecompra.
Si nos detenemos a observar que es lo que hoy está ocurriendo con la televisión en Internet, tenemos que miles de emisoras de televisión y productoras de todo el mundo se han volcado a crear sitios web en la Red. Por el momento, existe una gran variedad de tipos de sitios que van desde simples páginas institucionales donde, por ejemplo, se presenta información acerca de la empresa emisora y su programación (rejilla, sinopsis de programas, etc.) hasta sitios a partir de los cuales se puede acceder a la emisión en vivo a la emisión o a determinados programas de archivo. En estos últimos casos, un ancho de banda adecuado sumado a las tecnologías streamming (transmisión de flujos de datos a través de Internet) de audio y video, posibilitan la oferta de contenidos televisivos en la Red. Asimismo, entre el gran número de emisoras que emiten a través de Internet se encuentran las denominadas bitcasters, emisoras sólo existentes en la Red, que en muchas ocasiones se valen únicamente de webcams para difundir en directo los más variados contenidos.
En el marco de una Red que se ha ido expandiendo y comercializando rápidamente en los últimos años, las empresas de televisión y las del mundo puntocom se han ido relacionando a través de alianzas y fusiones; así, en 1998 la cadena estadounidense ABC compró la mayoría de Infoseek o la NBC se alió con la empresa del magnate Bill Gates, Microsoft, conformando MSNBC...
Por otro lado, es posible observar cómo algunas televisiones o plataformas digitales de televisión enriquecen sus canales y servicios con elementos interactivos limitados, tomados o simulados del mundo Internet, utilizando a la Red como complemento y vía para mantener a los usuarios ante la televisión; por ejemplo los SMS, mensajes de teléfonos móviles, a programas que son incorporados en el desarrollo del mismo..
Algunas empresas de televisión están ofertando una suerte de Intranet a la cual se accede a través del mando a distancia y la pantalla del televisor. Un ejemplo de lo señalado, y al margen de experiencias españolas de éxito limitado, nos lo da la empresa estadounidense AOL, que con más de 23 millones de abonados en Internet comenzó su trasvase a la televisión digital (1.500 hogares) a mediados de 2002 ofertando servicios como el envío y recepción de correo electrónico o chats.